Encuentro con Tzuluma
Encuentro con Tz’uluma
Los antiguos cuentan la historia de San Pedro Solóma, que antes era una laguna. La versión que voy a contar a continuación es mi propia versión. Debo advertir que este cuento es imaginación y no tiene que ver nada con la realidad.
Tomó su bastón, su sombreo de palma, su machete y se fue caminar rumbo al viejo cerro de Solóma, donde se puede observar el Valle Del Ensueño: lo que los antiguos le pusieron de nombre Wachuna. Pasó por el barrio Cotzan, La libertad, el centro y al pasar por Ixtenam encontró a una señora que se llama Malin (Maria.) La señora lo vio muy extraño. Quería acelerar los pasos, pero no podía por su avanzada edad. –¿a dónde va señor?— Le preguntó doña Malin que iba al rumbo contrario. –Voy de prisa—Dijo y continuo su camino. Parecía que tenía tanto deseo de llegar en la cima de la cumbre.
Al pasar cerca de una casa solitaria, fue a tocar la puerta para pedir un poco de agua. Al salir el dueño, le dijo que fuera por La Rinconada. Fue hacia al río a llenar su jarrito que llevaba colgado en la cintura. Al ver su reflejo en el río, confirmo que el tiempo ya había cambiado.— Que ha pasado con aquellos tiempos cuando los abuelos eran muy respetados.—Se decía en silencio. Se sentía ofendido porque alguien le negó agua. Al terminar de llenar el jarro continuo su camino. Le parecía un camino muy largo.
Caminada lentamente y cada poco se tomaba un trago de agua. El calor del sol le hizo sudar. Al mirar hacia atrás, se dio cuenta que no había avanzado. Le alcanzo un señor que iba montado en un caballo blanco. Él señor le ofreció su caballo, pero no lo aceptó.
En su niñez no habían carros, pero ahora si. Los carros bajaban a toda velocidad de la cumbre de Wachuna. Al anciano le dejaban lleno de polvos. Si no se hace a un lado también se lo llevan. En su rostro se notaba cansancio, pero al mismo tiempo alegría porque ya estaba llegando a la cima de la cumbre de Wachuna. Al querer tomar su ultimo trago de agua, se desesperó al ver que su jarro ya estaba vacío. Cuando llego en la cumbre se sentó sobre una piedra donde pudo observar el panorama de Solóma. Apuntaba el río, la escuela, la iglesia, la municipalidad con su bastón como si estuviera alguien a su lado. Extendió su mano hacia el cielo dando gracias a Dios por la vida. ¡Que bello es Solóma!—dijo mientras seguía apuntando diferentes rincones de Solóma con el bastón.
Caminar bajo el sol le causó tanto cansancio y dolor de cabeza. Se acercó hacia un árbol para estar en la sombra. Cerca del tronco del árbol había un hoyo que tenía un poco de agua. Se hincó para tomar agua y se remojo la cabeza para refrescarse del calor. Se puso nuevamente de pie para continuar observando la belleza de Solóma. Al caminar en una vereda no se dio que había una rama de un árbol que obstruía su paso, se tropezó en el. Cuando abrió sus ojos ya estaba tirado en el suelo y su bastón tirado a unos dos pasaos de distancia. Se levantó tan rápido que pudo. Regreso donde estaba el árbol y se tiró al suelo para recuperar su energía. Quedó profundamente dormido y tuvo un sueño. Esto fue lo que soñó: El cielo estaba muy nublado, estaba lloviendo fuertemente, observaba una laguna color verde. El lugar estaba solitario: no casa, no gente, no carretera.
—¿Qué ha pasado?— Se preguntaba el anciano desesperadamente al ver el pueblo cubierto de agua. En ese instante se acordó de los cuentos que contaban sus abuelos en reuniones familiares que antes existió una laguna en Solóma.
Después varios minutos dejó de llover, y el anciano se subió en un árbol para observar la laguna. Al querer sostener en una rama, se calló. Fue a darse en el agua. Gritaba fuerte. ¡Auxilio, auxilio, auxilio! No había nadie quien le ayuda. Era en vano su grito. Se quedó flotado en el agua junto con la rama que se quebró. El viento era tan fuerte, que lo aventó hasta al centro de la laguna, pero después el agua se fue saliendo en las orillas de los cerros. El anciano callo en un pantano aun sostenido de la rama. El bastón que llevaba lo había perdido.
Se oscureció; en la oscuridad miraba que alguien caminaba hacia él. Aun estaba temblando de frío. –¿Qué fue lo que pasó?—pregunto el otro anciano que apareció en medio de la oscuridad. No lograba dar una explicación. Lo único que se acordaba es haber estado en la cumbre observando la ciudad cuando empezó a llover.—No sé de donde y no se como llegué en este lugar.—Dijo.
—¡Oh, si no sabes de donde vienes, como llegaste a este lugar!—Dijo el señor y se despareció. Le quedó como tarea averiguar como llegó a caer en el pantano y formar su propia identidad.
Al siguiente día vio que ya estaba claro. El suelo ya estaba seco. Empezó a formar un camino que iba hacia la cumbre de Wachuna. Lo hizo colocando unas piedras en dos líneas paralelas a dos metros de distancia. En silencio se preguntaba. –¿De donde vengo y hacia donde voy? Me encuentro atrapado en un valle.—El camino que estaba construyendo le iba servir de guía para llegar nuevamente en la cumbre de Wachuna, el viejo cerro que tanto lo aprecio. Lo llama el mirador de Solóma, porque desde ahí se puede ver observar la ciudad.
Cuando estaba colocando las piedras para construir el nuevo camino, se encontró con el otro anciano.—¿Hacia donde vas?—Ya tenia una idea hacia donde iba, pero el otro anciano no se refería a un lugar físico. Era algo mas como un “A donde vas con tus ideas.” Pensaba que construyendo el camino iba a contestar una de las preguntas. –Sigue trabajando.—Dijo el otro y se despareció.
Se detuvo por un momento para analizar lo que estaba haciendo. Estaba construyendo un camino de una sola dirección, que iba hacia la cumbre. Regresó donde inició el caminó y lo hizo como en forma de una cruz. Se paró en medio y apunto hacia el este, oeste, norte y sur. Ahora tiene un camino de cuatro direcciones. Yo creo que lo hizo de esta forma para que cada persona sea libre de escoger su destino. Aunque su miraba estaba enfocado siempre en llegar en la cumbre. Desde lejos escuchó una voz fuerte, “Solamente cuando llegas en la cima puedes ver tu propia realidad y descubrir tu identidad.” Continuó haciendo su trabajo sin darle tanta importancia a lo que escuchó.
Después de varias horas de trabajo se sentó para descansar. En ese momento se le aparece el otro anciano. Le preguntó bien enojado.
–¿Señor, donde ha estado?
–Tengo mucho que hacer. –le replicó. Hasta ahora si atrevió a preguntar como se llama este misterios señor.
–Señor, ¿Me puede decir su nombre?
-Me llaman Tzuluma. –dijo el señor.
-¿Cómo?-le preguntó.
-Tzuluma. –dijo en voz alta.
Estaba preparando otra pregunta cuando se despertó. Era un sueño: lo vio tan real. Hasta se despertó temblando de frío. El dolor de cabeza ya se le había pasado y también había recuperado energía. Ya era medio día y tuvo que regresar a Solóma. De regreso se vino en un autobús. Al llegar a su casa preparó algo rápido de comer y ya no volvió a salir.
El sueño que tuvo en la cumbre de Wachuna se le quedó grabado en la mente. Después de diez años, hizo una comparación con actualidad de Solóma. Todo ha cambiado.
El lugar donde se cayó cuando se fue bajando el agua; no existe, pero existe en su mente. Como le hubiera gustado que alguien construyera una estatua de Tzuluma, pero no lo harán porque lo desconocen.— ¿Quién me haría caso si empiezo hablar de locuras? Ya por mi edad los jóvenes ignoran mis consejos.—Se decía cuando caminaba en el patio de su casa.
El día siguiente se levantó temprano para ir a caminar en el parque. Cuando andaba caminando, encontró a un joven que se llama Lewin (Pedro.) –¡Txaje-hin mamin!—Le dijo el joven en maya. Se extraño bastante porque los jóvenes ya no suelen pedir bendición a los ancianos. El joven ha de venir de alguna una familia desconocida. Llevaba puesto un pantalón blanco. Cuando saludó al anciano se quitó el sombrero para pedir bendición. El anciano inmediatamente impuso la mano derecha en la cabeza del joven para dar su bendición como lo hacían los abuelos en tiempos anteriores.
-Quiero caminar en la cumbre de Wachuna. -Le dijo al joven.
-¿Qué hay ahí, porque estas tan interesado en ir hasta allá? ¿Por qué no va a la rinconada ahí esta más fresco? –Le sugirió Lewin.
El joven lo estaba dirigiendo en el mismo lugar como lo hizo un vecino hace algunos años.
–Lewin, yo tengo una misión que cumplir, ando en busca de algo. Me gustaría que me acompañes, pero si no puedes me iré solo.
–Esta bien me iré contigo.-Dijo el joven. Se fueron caminado como lo hizo la primera vez. Ahora era diferente, iba acompañado de alguien a quien conoció en el parque de Solóma. Cuando llegaron en la cumbre de Wachuna, el joven miraba todo normal. Ya hace mucho tiempo que el anciano no visitaba la cumbre. Se acordó de la ultima vez que lo hizo, y fue en aquel tiempo que tuvo un sueño. Quería que su experiencia se repitiera, pero no fue así. Se quedó con la curiosidad de donde venía el nombre de Tzuluma. ¿Cuál era el origen? No había alguien que le diera una respuesta. Estuvo en busca del significado desde que tuvo su sueño, pero no logró comprender. Había necesidad de encontrarme otra vez con Tzuluma, el personaje de aquel sueño, para preguntarle. Tuvo que dejar al joven por unos minutos mientras que fue a caminar entre los árboles. Cuando llegó en la cima del cerro, escuchó un ruido muy fuerte y se le nubló la vista, se cayó tirado al suelo. Apareció Tzuluma. Ahora ya es un viejo con barbas largas y muy canoso. Apenas lo reconoció
—¿Quieres saber la verdad? –le dijo, Tzuluma.
Si.—dijo templando de frío. Le tomaron de las manos y le mostraron una laguna.— Lo que estas viendo ahora pasó hace 500 años. Yo venía a la cumbre de Wachuna igual que tú cuando empezó a llover, y se destruyo toda la ciudad: fui él único que se salvó. Me quedé atrapado entre el pantano: Vinieron unas personas y me sacaron. “Tzulum”, dijo alguien. En ese momento solamente me miraban la cabeza. En el idioma de ellos Tzulum quieres decir cabeza, pues eran lo único que me podían ver. Estaba atrapado en un pantano. Luego escuche alguien mas mencionar “A”, Que quiere decir agua. Fueron esas primeras frases que aprendí de ellos Tzulum y A. Ya había perdido mi identidad, con esas dos palabras forme mi nombre. Tomé ese nombre y ahora me llaman Tzuluma. Mas adelante la gente me empezó a llamar Solóma, porque ellos no podían pronunciar bien mi nombre. Ahora me tengo que ir. Ve de donde vienes porque ahora ya sabes el origen de mi nombre. Era lo que andabas buscando cuando te caíste en un sueño, pero en realidad fue una visión. Ya sabes lo que me pasó.
–Estas fueron las ultimas palabras que dijo Tzuluma y se desapareció y esta vez se desapareció para siempre. El anciano se vino corriendo rápido para encontrarse con él joven que lo acompañó en la cumbre, pero ya no lo encontró.
—¿Quién ha sido realmente ese joven?—Se preguntaba. Lewin es un nombre no tan comun, pero Lewin quiere decir Pedro. Pedro ya no se encontraba, ya se había ido. Mas tardé reflexionó el anciano que nunca lo había visto en el pueblo. Fue Tzuluma mismo que lo llevó hasta la cumbre de Wachuna para explicarle el origen de su nombre. En ese momento despertó a su realidad. Ahora entiende porque su pueblo le dicen san Pedro Solóma. Regresó a su casa ya muy cansado. Ya a sus 80 años ya no lograba hacer lo que hacía cuando aun era joven.
—Yo también me tengo que ir. Ya he cumplido con mi misión. Descubrí el origen de Tzuluma y también descubrí mi identidad. ¡Nos vemos en la cumbre!—Fueron las ultimas palabra que dijo el anciano.
La historia de Tzuluma suena muy interesante. El anciano nos dejo pensando acerca de nuestra identidad. Él nunca dijo su nombre. Yo creo, que esto nos queda de tarea investigar. Ahora quien le toca descubrir el nombre de este viejo que le gustaba caminar en la cumbre de Wachuna. Pasaron dos años y el señor se murió. Su vida fue un misterio. Se mantenía encerrado en su casa. No molestaba a nadie. Todas las mañanas salía a caminar. Siempre llevaba un jarrito colgado en la cintura y su machete bajo el brazo y su bastón en la mano. Después de su muerte su casa se quedó abandonada.
El retorno de Tzuluma. El retorno de Tzuluma significa un reencuentro con la cultura. Muchas personas se salen de su pueblo por ciertas razones y se olvidan de donde vienen.
La narración que voy hacer a continuación es una experiencia de un Q’anjob’al en el extranjero. “Vengo desde muy lejos” empezaba su diario, pero en realidad no sabía lo que estaba escribiendo. ¿Hablaba de la distancia o se sentía alejado de su cultura? La distancia no era tan importante porque en cualquier momento podía regresar en su lugar de origen; se refería a su identidad. Lo había perdido, pero ahora no sabe como recuperarlo. Han pasado 10 años se decía a sí mismo un poco desesperado. Se dio cuenta que le hacía falta algo.
Caminada por todos lados buscando el sentido de su vida. Se le olvidó que no tenía que salir para encontrar el verdadero sentido de la vida. Lo que necesitaba era un momento de reflexión para ver que fue lo que dejo atrás. Hizo un recorrido en el pasado, al fin se dio cuenta que había olvidado su identidad. Quería adaptarse a una cultura ajena, algo que desconocía. Los años han pasado y su cultura lo dejo muy atrás. Había necesidad de regresar para recuperar su identidad. Ahora que se encuentra muy lejos de su gente, tenía que salir de su circulo para investigar acerca de su origen. Se sorprendió cuando aprendió que hay una gran riqueza en su cultura. Por un momento se quedo en silenció. No decía una palabra, era lo mejor: quedarse en silencio. Su experiencia en el extranjero le ayudó comprender que su cultura, es una cultura civilizada.
Estaba mal informado de su propia cultura. En muchas ocasiones el joven sé avergonzada de sí mismo, pero no tenía la culpa, carecía de informaciones nada más. El retorno de Tzu’luma es un encuentro con la cultura o más bien con uno mismo. Muchos Q´anjobales se encuentran en el extranjero y muchas veces se han olvidado de su origen. Este cuento lo escribí para ellos, pero más que todo lo hice para mí para apreciar mi cultura y de donde vengo.
Por Salvador Zacarias
2da. Edición.
Los antiguos cuentan la historia de San Pedro Solóma, que antes era una laguna. La versión que voy a contar a continuación es mi propia versión. Debo advertir que este cuento es imaginación y no tiene que ver nada con la realidad.
Tomó su bastón, su sombreo de palma, su machete y se fue caminar rumbo al viejo cerro de Solóma, donde se puede observar el Valle Del Ensueño: lo que los antiguos le pusieron de nombre Wachuna. Pasó por el barrio Cotzan, La libertad, el centro y al pasar por Ixtenam encontró a una señora que se llama Malin (Maria.) La señora lo vio muy extraño. Quería acelerar los pasos, pero no podía por su avanzada edad. –¿a dónde va señor?— Le preguntó doña Malin que iba al rumbo contrario. –Voy de prisa—Dijo y continuo su camino. Parecía que tenía tanto deseo de llegar en la cima de la cumbre.
Al pasar cerca de una casa solitaria, fue a tocar la puerta para pedir un poco de agua. Al salir el dueño, le dijo que fuera por La Rinconada. Fue hacia al río a llenar su jarrito que llevaba colgado en la cintura. Al ver su reflejo en el río, confirmo que el tiempo ya había cambiado.— Que ha pasado con aquellos tiempos cuando los abuelos eran muy respetados.—Se decía en silencio. Se sentía ofendido porque alguien le negó agua. Al terminar de llenar el jarro continuo su camino. Le parecía un camino muy largo.
Caminada lentamente y cada poco se tomaba un trago de agua. El calor del sol le hizo sudar. Al mirar hacia atrás, se dio cuenta que no había avanzado. Le alcanzo un señor que iba montado en un caballo blanco. Él señor le ofreció su caballo, pero no lo aceptó.
En su niñez no habían carros, pero ahora si. Los carros bajaban a toda velocidad de la cumbre de Wachuna. Al anciano le dejaban lleno de polvos. Si no se hace a un lado también se lo llevan. En su rostro se notaba cansancio, pero al mismo tiempo alegría porque ya estaba llegando a la cima de la cumbre de Wachuna. Al querer tomar su ultimo trago de agua, se desesperó al ver que su jarro ya estaba vacío. Cuando llego en la cumbre se sentó sobre una piedra donde pudo observar el panorama de Solóma. Apuntaba el río, la escuela, la iglesia, la municipalidad con su bastón como si estuviera alguien a su lado. Extendió su mano hacia el cielo dando gracias a Dios por la vida. ¡Que bello es Solóma!—dijo mientras seguía apuntando diferentes rincones de Solóma con el bastón.
Caminar bajo el sol le causó tanto cansancio y dolor de cabeza. Se acercó hacia un árbol para estar en la sombra. Cerca del tronco del árbol había un hoyo que tenía un poco de agua. Se hincó para tomar agua y se remojo la cabeza para refrescarse del calor. Se puso nuevamente de pie para continuar observando la belleza de Solóma. Al caminar en una vereda no se dio que había una rama de un árbol que obstruía su paso, se tropezó en el. Cuando abrió sus ojos ya estaba tirado en el suelo y su bastón tirado a unos dos pasaos de distancia. Se levantó tan rápido que pudo. Regreso donde estaba el árbol y se tiró al suelo para recuperar su energía. Quedó profundamente dormido y tuvo un sueño. Esto fue lo que soñó: El cielo estaba muy nublado, estaba lloviendo fuertemente, observaba una laguna color verde. El lugar estaba solitario: no casa, no gente, no carretera.
—¿Qué ha pasado?— Se preguntaba el anciano desesperadamente al ver el pueblo cubierto de agua. En ese instante se acordó de los cuentos que contaban sus abuelos en reuniones familiares que antes existió una laguna en Solóma.
Después varios minutos dejó de llover, y el anciano se subió en un árbol para observar la laguna. Al querer sostener en una rama, se calló. Fue a darse en el agua. Gritaba fuerte. ¡Auxilio, auxilio, auxilio! No había nadie quien le ayuda. Era en vano su grito. Se quedó flotado en el agua junto con la rama que se quebró. El viento era tan fuerte, que lo aventó hasta al centro de la laguna, pero después el agua se fue saliendo en las orillas de los cerros. El anciano callo en un pantano aun sostenido de la rama. El bastón que llevaba lo había perdido.
Se oscureció; en la oscuridad miraba que alguien caminaba hacia él. Aun estaba temblando de frío. –¿Qué fue lo que pasó?—pregunto el otro anciano que apareció en medio de la oscuridad. No lograba dar una explicación. Lo único que se acordaba es haber estado en la cumbre observando la ciudad cuando empezó a llover.—No sé de donde y no se como llegué en este lugar.—Dijo.
—¡Oh, si no sabes de donde vienes, como llegaste a este lugar!—Dijo el señor y se despareció. Le quedó como tarea averiguar como llegó a caer en el pantano y formar su propia identidad.
Al siguiente día vio que ya estaba claro. El suelo ya estaba seco. Empezó a formar un camino que iba hacia la cumbre de Wachuna. Lo hizo colocando unas piedras en dos líneas paralelas a dos metros de distancia. En silencio se preguntaba. –¿De donde vengo y hacia donde voy? Me encuentro atrapado en un valle.—El camino que estaba construyendo le iba servir de guía para llegar nuevamente en la cumbre de Wachuna, el viejo cerro que tanto lo aprecio. Lo llama el mirador de Solóma, porque desde ahí se puede ver observar la ciudad.
Cuando estaba colocando las piedras para construir el nuevo camino, se encontró con el otro anciano.—¿Hacia donde vas?—Ya tenia una idea hacia donde iba, pero el otro anciano no se refería a un lugar físico. Era algo mas como un “A donde vas con tus ideas.” Pensaba que construyendo el camino iba a contestar una de las preguntas. –Sigue trabajando.—Dijo el otro y se despareció.
Se detuvo por un momento para analizar lo que estaba haciendo. Estaba construyendo un camino de una sola dirección, que iba hacia la cumbre. Regresó donde inició el caminó y lo hizo como en forma de una cruz. Se paró en medio y apunto hacia el este, oeste, norte y sur. Ahora tiene un camino de cuatro direcciones. Yo creo que lo hizo de esta forma para que cada persona sea libre de escoger su destino. Aunque su miraba estaba enfocado siempre en llegar en la cumbre. Desde lejos escuchó una voz fuerte, “Solamente cuando llegas en la cima puedes ver tu propia realidad y descubrir tu identidad.” Continuó haciendo su trabajo sin darle tanta importancia a lo que escuchó.
Después de varias horas de trabajo se sentó para descansar. En ese momento se le aparece el otro anciano. Le preguntó bien enojado.
–¿Señor, donde ha estado?
–Tengo mucho que hacer. –le replicó. Hasta ahora si atrevió a preguntar como se llama este misterios señor.
–Señor, ¿Me puede decir su nombre?
-Me llaman Tzuluma. –dijo el señor.
-¿Cómo?-le preguntó.
-Tzuluma. –dijo en voz alta.
Estaba preparando otra pregunta cuando se despertó. Era un sueño: lo vio tan real. Hasta se despertó temblando de frío. El dolor de cabeza ya se le había pasado y también había recuperado energía. Ya era medio día y tuvo que regresar a Solóma. De regreso se vino en un autobús. Al llegar a su casa preparó algo rápido de comer y ya no volvió a salir.
El sueño que tuvo en la cumbre de Wachuna se le quedó grabado en la mente. Después de diez años, hizo una comparación con actualidad de Solóma. Todo ha cambiado.
El lugar donde se cayó cuando se fue bajando el agua; no existe, pero existe en su mente. Como le hubiera gustado que alguien construyera una estatua de Tzuluma, pero no lo harán porque lo desconocen.— ¿Quién me haría caso si empiezo hablar de locuras? Ya por mi edad los jóvenes ignoran mis consejos.—Se decía cuando caminaba en el patio de su casa.
El día siguiente se levantó temprano para ir a caminar en el parque. Cuando andaba caminando, encontró a un joven que se llama Lewin (Pedro.) –¡Txaje-hin mamin!—Le dijo el joven en maya. Se extraño bastante porque los jóvenes ya no suelen pedir bendición a los ancianos. El joven ha de venir de alguna una familia desconocida. Llevaba puesto un pantalón blanco. Cuando saludó al anciano se quitó el sombrero para pedir bendición. El anciano inmediatamente impuso la mano derecha en la cabeza del joven para dar su bendición como lo hacían los abuelos en tiempos anteriores.
-Quiero caminar en la cumbre de Wachuna. -Le dijo al joven.
-¿Qué hay ahí, porque estas tan interesado en ir hasta allá? ¿Por qué no va a la rinconada ahí esta más fresco? –Le sugirió Lewin.
El joven lo estaba dirigiendo en el mismo lugar como lo hizo un vecino hace algunos años.
–Lewin, yo tengo una misión que cumplir, ando en busca de algo. Me gustaría que me acompañes, pero si no puedes me iré solo.
–Esta bien me iré contigo.-Dijo el joven. Se fueron caminado como lo hizo la primera vez. Ahora era diferente, iba acompañado de alguien a quien conoció en el parque de Solóma. Cuando llegaron en la cumbre de Wachuna, el joven miraba todo normal. Ya hace mucho tiempo que el anciano no visitaba la cumbre. Se acordó de la ultima vez que lo hizo, y fue en aquel tiempo que tuvo un sueño. Quería que su experiencia se repitiera, pero no fue así. Se quedó con la curiosidad de donde venía el nombre de Tzuluma. ¿Cuál era el origen? No había alguien que le diera una respuesta. Estuvo en busca del significado desde que tuvo su sueño, pero no logró comprender. Había necesidad de encontrarme otra vez con Tzuluma, el personaje de aquel sueño, para preguntarle. Tuvo que dejar al joven por unos minutos mientras que fue a caminar entre los árboles. Cuando llegó en la cima del cerro, escuchó un ruido muy fuerte y se le nubló la vista, se cayó tirado al suelo. Apareció Tzuluma. Ahora ya es un viejo con barbas largas y muy canoso. Apenas lo reconoció
—¿Quieres saber la verdad? –le dijo, Tzuluma.
Si.—dijo templando de frío. Le tomaron de las manos y le mostraron una laguna.— Lo que estas viendo ahora pasó hace 500 años. Yo venía a la cumbre de Wachuna igual que tú cuando empezó a llover, y se destruyo toda la ciudad: fui él único que se salvó. Me quedé atrapado entre el pantano: Vinieron unas personas y me sacaron. “Tzulum”, dijo alguien. En ese momento solamente me miraban la cabeza. En el idioma de ellos Tzulum quieres decir cabeza, pues eran lo único que me podían ver. Estaba atrapado en un pantano. Luego escuche alguien mas mencionar “A”, Que quiere decir agua. Fueron esas primeras frases que aprendí de ellos Tzulum y A. Ya había perdido mi identidad, con esas dos palabras forme mi nombre. Tomé ese nombre y ahora me llaman Tzuluma. Mas adelante la gente me empezó a llamar Solóma, porque ellos no podían pronunciar bien mi nombre. Ahora me tengo que ir. Ve de donde vienes porque ahora ya sabes el origen de mi nombre. Era lo que andabas buscando cuando te caíste en un sueño, pero en realidad fue una visión. Ya sabes lo que me pasó.
–Estas fueron las ultimas palabras que dijo Tzuluma y se desapareció y esta vez se desapareció para siempre. El anciano se vino corriendo rápido para encontrarse con él joven que lo acompañó en la cumbre, pero ya no lo encontró.
—¿Quién ha sido realmente ese joven?—Se preguntaba. Lewin es un nombre no tan comun, pero Lewin quiere decir Pedro. Pedro ya no se encontraba, ya se había ido. Mas tardé reflexionó el anciano que nunca lo había visto en el pueblo. Fue Tzuluma mismo que lo llevó hasta la cumbre de Wachuna para explicarle el origen de su nombre. En ese momento despertó a su realidad. Ahora entiende porque su pueblo le dicen san Pedro Solóma. Regresó a su casa ya muy cansado. Ya a sus 80 años ya no lograba hacer lo que hacía cuando aun era joven.
—Yo también me tengo que ir. Ya he cumplido con mi misión. Descubrí el origen de Tzuluma y también descubrí mi identidad. ¡Nos vemos en la cumbre!—Fueron las ultimas palabra que dijo el anciano.
La historia de Tzuluma suena muy interesante. El anciano nos dejo pensando acerca de nuestra identidad. Él nunca dijo su nombre. Yo creo, que esto nos queda de tarea investigar. Ahora quien le toca descubrir el nombre de este viejo que le gustaba caminar en la cumbre de Wachuna. Pasaron dos años y el señor se murió. Su vida fue un misterio. Se mantenía encerrado en su casa. No molestaba a nadie. Todas las mañanas salía a caminar. Siempre llevaba un jarrito colgado en la cintura y su machete bajo el brazo y su bastón en la mano. Después de su muerte su casa se quedó abandonada.
El retorno de Tzuluma. El retorno de Tzuluma significa un reencuentro con la cultura. Muchas personas se salen de su pueblo por ciertas razones y se olvidan de donde vienen.
La narración que voy hacer a continuación es una experiencia de un Q’anjob’al en el extranjero. “Vengo desde muy lejos” empezaba su diario, pero en realidad no sabía lo que estaba escribiendo. ¿Hablaba de la distancia o se sentía alejado de su cultura? La distancia no era tan importante porque en cualquier momento podía regresar en su lugar de origen; se refería a su identidad. Lo había perdido, pero ahora no sabe como recuperarlo. Han pasado 10 años se decía a sí mismo un poco desesperado. Se dio cuenta que le hacía falta algo.
Caminada por todos lados buscando el sentido de su vida. Se le olvidó que no tenía que salir para encontrar el verdadero sentido de la vida. Lo que necesitaba era un momento de reflexión para ver que fue lo que dejo atrás. Hizo un recorrido en el pasado, al fin se dio cuenta que había olvidado su identidad. Quería adaptarse a una cultura ajena, algo que desconocía. Los años han pasado y su cultura lo dejo muy atrás. Había necesidad de regresar para recuperar su identidad. Ahora que se encuentra muy lejos de su gente, tenía que salir de su circulo para investigar acerca de su origen. Se sorprendió cuando aprendió que hay una gran riqueza en su cultura. Por un momento se quedo en silenció. No decía una palabra, era lo mejor: quedarse en silencio. Su experiencia en el extranjero le ayudó comprender que su cultura, es una cultura civilizada.
Estaba mal informado de su propia cultura. En muchas ocasiones el joven sé avergonzada de sí mismo, pero no tenía la culpa, carecía de informaciones nada más. El retorno de Tzu’luma es un encuentro con la cultura o más bien con uno mismo. Muchos Q´anjobales se encuentran en el extranjero y muchas veces se han olvidado de su origen. Este cuento lo escribí para ellos, pero más que todo lo hice para mí para apreciar mi cultura y de donde vengo.
Por Salvador Zacarias
2da. Edición.

3 comentarios:
Muy interesante, felicitaciones, asi es como se va creando y recreando la imaginacion, y se descubre el don de escritor, siga escribiendo tiene mucho talento y mucha capacidad para escribir, no es aburrido pero si interesante lo que escribio. asi es como se hacen los grandes escritores.
De
Anónimo, A las
1:44 PM
Hola como estas espero q muy bien
bueno yo soy de mexico me trajieron desde nina y de mi cultura no c nada y me gusto mucho lo q escribio m,uy especial mi espanol esta muy feo es por eso que le pido disculpas
pero lo q escribio es muy bello y sierto muestra cultura es bella y simple sin nada de material y cosa falsas gracias.
p.s me gustan mucho la gente chapina
De
yelsumine, A las
11:49 AM
He hecho algunas modificaciones en este cuento. Esten pendientes con la 3ra edicion. En la tercera edicion voy agregar imagenes y audio. Mandenme sus comentarios para mejorarlo. Feliz dia a todos!
sz
De
Salvador Zacarias, A las
3:05 PM
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